Category: Historias


Antes de partir

El es mi novio y esa carita que tiene se debe a que le tiene mucho respeto viajar en avión, por no decir odia el avión. Nos ibamos a Tarapoto, muy lindo viaje.

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Amor de madre

En un día caluroso de verano en el sur de la Florida un niño decidió ir a nadar
en la laguna detrás de su casa. Salió corriendo por la puerta trasera, se tiró
en el agua y nadaba feliz. No se daba cuenta de que un cocodrilo se le
acercaba.

Su mamá desde la casa miraba por la ventana, y vió con horror lo que sucedía. 
Enseguida corrió hacia su hijo gritándole lo más fuerte que podía. Oyéndole, el
niño se alarmó y viró nadando hacia su mamá. Pero fue demasiado tarde. 
Desde el muelle la mamá agarró al niño por sus brazos justo cuando el caimán 
le agarraba sus piernitas. La mujer jalaba determinada, con toda la fuerza de su
corazón. El cocodrilo era más fuerte, pero la mamá era mucho más apasionada y
su amor no la abandonaba.

Un señor que escuchó los gritos se apresuró hacia el lugar con una pistola y
mató al cocodrilo. El niño sobrevivió y, aunque sus piernas sufrieron bastante, aún pudo 
llegar a caminar. Cuando salió del trauma, un periodista le preguntó al niño si 
le quería enseñar las cicatrices de sus pies. El niño levantó la colcha y 
se las mostró. Pero entonces, con gran orgullo se remango las mangas y 
señalando hacia las cicatrices en sus brazos le dijo: “Pero las que usted debe ver son 
estas”.  Eran las marcas de las uñas de su mamá que habían presionado con 
fuerza. “Las tengo porque mamá no me soltó y me salvó la vida”.

 Esta es la historia de un muchachito que tenía muy mal carácter. Su padre le dio una bolsa de clavos y le dijo que cada vez que perdiera la paciencia, debería clavar un clavo detrás de la puerta. El primer día, el muchacho clavó 37 clavos detrás de la puerta. Las semanas que siguieron, a medida que él aprendía a controlar su genio, clavaba cada vez menos clavos detrás de la puerta. Descubrió que era más fácil controlar su carácter durante todo el día. Después de informar a su padre, éste le sugirió que retirara un clavo cada día que lograra controlar su carácter. Los días pasaron y el joven pudo finalmente anunciar a su padre que no quedaban más clavos para retirar de la puerta. Su padre lo tomó de la mano y lo llevó hasta la puerta. Le dijo: “Has trabajado duro, hijo mío, pero mira todos esos hoyos en la puerta. Nunca más será la misma. Cada vez que tú pierdes la paciencia, dejas cicatrices exactamente como las que aquí ves”. Tú puedes insultar a alguien y retirar lo dicho, pero el modo cómo se lo digas lo devastará y la cicatriz perdurará para siempre. Una ofensa verbal es tan dañina como la ofensa física. Los amigos son joyas preciosas. Nos hacen reír y nos animan a seguir adelante. Nos escuchan con atención y siempre están dispuestos a abrirnos su corazón. Tenlo siempre presente.